lunes, 5 de noviembre de 2007

Inconscientes

Somos unos inconscientes. Pero no con el sentido con que esa palabra se emplea habitualmente. No somos conscientes de nosotros mismos y mucho menos somos conscientes de nuestra propia existencia. Esta mañana miré a los ojos de la imagen de mi otro yo en el espejo e intenté comprender mi propia existencia en un afán de comprenderme a mí mismo. Mi mirada se fundió con la mirada de mi álter ego el cual me observaba con una una quietud y una placidez escalofriante. Me di cuenta entonces de lo que realmente somos, una parte insignificante del inmenso universo, un grano de arena en el cosmos y, lo peor de todo, nuestra existencia es una mera casualidad. Quizá alguna vez habréis caído en la macabra tentación de imaginar qué hubiese sucedido si mis padres no se hubieran conocido y hubiesen tenido hijos con otra pareja o incluso, qué hubiese pasado si el óvulo de mi madre hubiese sido fecundado por un espermatozoide diferente. Obviamente no hubiese existido el yo que soy ahora, hubiese nacido otro yo totalmente diferente. Pero recordemos que todo lo que sucede en el universo es fruto del azar, de la casualidad. Pero no sólo eso, se podría decir que nuestra existencia es un error. Cualquier cambio que sucede en la naturaleza no es más que un error genético, algo que no debería haber sucedido. Y eso es lo que somos nosotros, peor aún, somos una serie de errores. Teniendo en cuenta esto, nuestra presencia en el mundo es cuestión de azar. Podría haber ocurrido que la serie de errores necesarios para nuestra creación no hubiese sucedido y que jamás hubiésemos llegado a existir. Quizá lo que nos define es nuestra 'fortuna' de haber existido. Pero no puedo dejar de preguntarme (o mejor, preguntarle la imagen irreal del espejo) cuál es el sentido de mi vida. Cada vez estoy más convencido que nuestra existencia no tiene razón de ser, no existe un sentido la vida que vivimos. Pero no he dicho que no tenga sentido vivir, todo lo contrario. Mi reflexión frente al espejo me ha ayudado a conocerme un poco más a mí mismo, a disfrutar de mí mismo, de mi existencia. A veces me invade la sensación de que mi vida está estructurada por un guión del que no puedo escapar y estas reflexiones me sirven para darme cuenta de que yo soy el único responsable de mi vida y no debo dejarme llevar. Mi vida me pertenece, aunque sea insignificante. Mi única pertenencia material es mi propio cuerpo, el resto no me pertenece, no soy su dueño. Alguna vez no fui ni siquiera ni el dueño de mi propia vida pero ahora tengo la oportunidad de serlo, aunque sea por un corto período de tiempo. Ahora he de coger las riendas de mi vida y conducirlas por donde realmente quiero ir.